No menu items!

Esto no es un blog

-

Es un cliché empezar así un blog. Y quizás también sea un cliché agregar un lacónico “de veras”. Aun así, no queda más remedio.

Esto no es un blog.

De veras.

***

Definir un “blog” es complicado. Es complicada la idea, y también lo es el resultado material de esa idea. Para examinarlo, el primer paso es abstenerse de sumarse a ese griterío celebratorio que presenta al blog como heraldo de todas las revoluciones democráticas futuras. No exageremos. Los blogs no hicieron nada grandioso por la humanidad, por la libertad de expresión, por las letras, por ese difuso ámbito al que por comodidad suele llamarse “la cultura”. Tampoco es que hayan hecho nada malo; al menos, nada demasiado malo. No hay que hacer tanto barullo.

Buena parte de quienes hoy se declaran consumados blogueros, hace veinte años se declaraban consumados jugadores de paddle. Y quienes hoy depositan el progreso de la civilización en el blog, hace diez años lo depositaban en el control remoto. El blog no salvará al mundo, ni a las ballenas, ni a los pandas, ni a los pingüinos empetrolados, ni a los africanitos hambrientos que no tengan la suerte de ser comprados por actrices millonarias de Hollywood. Tampoco es el mejor invento de la Humanidad después de la rueda. Ni siquiera el tercero, el cuarto, o el trigésimo séptimo. No entra en el TOP 1000, ni en el TOP 10.000. Le ganan los broches de colgar la ropa, la cubetera, los fideos con lentejas, los poemas de Silvio Soldán, los Sea Monkeys, los ruleros, esas pelotitas para apretar y aliviar el stress. ¿Será que hasta el cine de vanguardia y los mimos le ganan al blog?

Ahora bien, si uno quiere darle cuerpo a esa afirmación inicial (“Esto no es un blog”), primero debe definir qué es un blog. Si uno dice “esto no es un libro”, “esto no es arte” o “esto no es una sandía”, tiene que dejar bien en claro qué entiende por libro, arte y sandía.

Ateniéndose a las definiciones más o menos consensuadas, un blog es un sitio web cuyas entradas se ordenan de manera cronológica, en general desde la más reciente hacia atrás. Pueden estar escritos por una o varias personas, tocan diversas cuestiones o temas bien específicos, son fáciles de crear y usar. Una de sus características es que los lectores pueden dejar comentarios en cada entrada, o posteo, y crear así la impresión de “diálogo”. A la fecha, la empresa Technorati calcula el número de blogs en 110.3 millones. Que es mejor que 110.3 millones de películas de vanguardia o que 110.3 millones de mimos, o más terrible aún: 110.3 millones de películas de vanguardia sobre mimos.

Pero nada de esto nos dice qué es un blog, o qué hacen quienes usan blogs, o por qué se volvieron relativamente importantes en la sociedad contemporánea (relativamente, pues no todo el mundo sabe, ni tiene por qué saber, qué es un blog y por qué su vida será más feliz si se convierte en alegre poseedor de uno; una encuesta de 2005 realizada en Inglaterra señaló que el 70% de los conductores de taxis, encargados de pubs y peluqueros británicos jamás había oído hablar de algo llamado “blog”). Los objetos se definen no sólo por una suma de atributos materiales más o menos aceptados como propios, sino por usos, procesos, significados y otro montón de cosas relevantes mucho más embromadas de formalizar. A la definición formal, casi esterilizada, debe sumársele el sentido general que determinado objeto tiene en determinado tiempo y lugar.

Uno puede describir una bonita cruz cuyos ángulos están doblados en ángulo recto, que geométricamente forman un icoságono irregular; puede decir que hay evidencias de este símbolo desde el neolítico y que su nombre significa “buena suerte”. ¿Pero quién se anima a pintarrajear una esvástica en una tumba judía y decir que le está deseando buena suerte al difunto en nombre de sus antepasados neolíticos? El sentido social excede, siempre, cualquier definición formal.

***

De nuevo: ¿qué es un blog? ¿Qué papel juega, qué espacio representa en nuestra sociedad? ¿Qué hace que un blog sea bueno y que quieras leerlo? ¿Qué se tiene en cuenta? ¿Hay que valorar su información, prosa, tema, periodicidad de actualización, firma? ¿Qué? Para decir que un blog es bueno puedo basarme, por ejemplo, en una escritura precisa y amena; en que desarrolla temas que conozco desde perspectivas que desconozco y que, aun cuando leo afirmaciones con las que estoy en desacuerdo, sigue tratándose de afirmaciones ―con argumentos bien desarrollados― y no de meros gritos en el aire: “Esto me gusta porque sí” y “Esto no me gusta porque no”.

Pero convengamos en que no todos los blogs basan su potencial en buena información, buena prosa, buena actualización o cualquier cosa buena. Hay 110.3 millones de blogs, pero también hay más de 200 millones de ex blogueros: más de 200 millones de personas que se quedaron sin ganas, o tiempo, o ideas, para seguir manteniendo sus blogs. Dejaron el blog y se buscaron otro pasatiempo.

Y convengamos también en que, de esos 110.3 millones de blogs, una buena parte consiste en rústicos sitios con entradas formadas por onomatopeyas, gruñidos y fotos del bloguero almorzando. No por nada, una tal Margaret Mason tituló su libro No one cares what you had for lunch. 100 ideas for you blog (A nadie le importa qué almorzaste. 100 ideas para tu blog).

No sé si el libro estará bueno, pero en el sitio de Mason tienen unas remeras para damas con la inscripción “I fuck like a girl” que me hicieron reír mucho.

***

Este año, el empresario de Silicon Valley Andrew Keen le pegó un sacudón al gallinero intelectual con su libro The cult of amateur. Una de sus hipótesis es que los blogs son el estandarte de un nuevo fenómeno mundial: “La cultura del amateurismo elevada a ideología”. En una entrevista publicada en el número 211 de la Revista Ñ, explicó que el amateurismo, idealizado, traba y censura la creatividad: “Necesitamos una cultura de calidad, de jerarquía. Los diarios ciudadanos están idealizados. Los medios tradicionales son considerados corruptos, perezosos y miedosos, mientras que los amateurs de la Web 2.0 son dinámicos, honestos y sabios”. En su libro dice que todo el mundo se publica a sí mismo, pero que nadie está escuchando: un nuevo darwinismo digital basado en la supervivencia del más gritón y el más opinador. El ideal democrático de llevar más “verdad” (información más profunda, perspectivas más globales, opiniones más neutrales) a más personas acabó convertido en millones de blogueros hablando todos al mismo tiempo sobre sí mismos.

En la entrevista de Ñ, Keen afirmó: “Cuando miro la Web, lo que veo es sobre todo un caos cultural y ético. Observo el robo descarado de la propiedad intelectual, el plagio, la pornografía extrema, el spam incesante y el vacío intelectual. […] Es verdad que todo el mundo se expresa, pero ‘narcisistamente’, y la cultura es de calidad cada vez más mediocre. La ética del amateur es tan dominante que el conocimiento, el talento y el saber pierden terreno. Análisis políticos superficiales, videos lamentables, novelas ilegibles. Hoy, Internet se parece al estado natural, más cercano a Hobbes que a Rousseau, donde el comportamiento humano se desarrolla sin normas sociales ni leyes. La anarquía. Basta con ponerse a navegar por la blogosfera o leer lo que se dice en los foros. La Web 2.0 está matando nuestra cultura, atacando nuestra economía y destruyendo nuestros códigos de conducta. Todo eso debido a esa fe utópica en la información tecnológica”.

Es interesante todo lo que dice Keen, aunque más no sea para movilizar el debate o para enfatizar un punto de vista diferente al que parece haberse vuelto hegemónico. O al menos, para despabilar a tanto apolillado. Es cierto que The cult of amateur parece destinado a hacer ruido y, en un año o dos, perderse en el olvido de las mesas de saldos, junto a otros libros de tono similar que anunciaron calamidades culturales causadas por nuevas tecnologías o nuevos escenarios históricos (hay montones de ésos, se los consigue por monedas en la Avenida Corrientes: en ellos, el anticristo cultural tiene forma de posmodernidad, globalización, comunismo, caída del comunismo, resurgimiento del comunismo, nacionalismo, caída del nacionalismo, resurgimiento del nacionalismo, fin de las ideologías, oveja Dolly, terrorismo, videojuegos, sida, VHS, televisión por cable, McDonald’s y un largo etcétera). También puede criticársele que su concepción de “cultura” es de veras deprimente (donde hay una “buena” y otra “mala” cultura), o que Keen es un arrepentido, y diga lo que diga la Biblia, no hay nada más latoso que un arrepentido que viene a sermonear: especialmente cuando el arrepentido sermoneador hizo una fortuna construyendo eso que ahora defenestra.

Todo esto está muy bien, las salvedades del caso están hechas. Pero la idea de fondo sigue siendo muy piola: que el blog idealiza una “ética” amateur y que lo amateur es bueno por el solo hecho de ser amateur.

¿Será así? Las estadísticas no son precisas, pero a ojo de pájaro puede decirse que por cada buen blog hay 100.000 blogs cuyos autores no leyeron el libro de Margaret Mason y cuentan qué comieron durante el almuerzo. El problema no es que cuenten qué comieron en el almuerzo, porque aún con eso puede hacerse un texto interesante (seguro que Raymond Carver habría sacado algo genial de eso, si es que no lo hizo; lo mismo podría decirse de la sociología de Pierre Bourdieu, de la etnometodología de Harold Garfinkel, de la microhistoria de Carlo Ginzburg: ¿qué almorzaba Menocchio?). El problema es que, en estos casos, describir el almuerzo no es una alternativa sino la única ocurrencia para seguir publicando y hablando sobre sí mismos: para gritar y opinar.

¿Será entonces que el sentido del blog se debate entre ser profesional y ser amateur? Y si es así, ¿cuáles serían las consecuencias para el difuso ámbito de la cultura? Y si hay que elegir bando, ¿cómo se definirían estos bandos? ¿Cuándo se deja de ser amateur? ¿Y por qué?

***

Supongamos que aceptamos la tesis de Keen y que, en base a tantos blogs descriptores de milanesas-con-papas-fritas, decimos que el blog es la quintaesencia del amateurismo-destructor-de-ese-ámbito-difuso-llamado-cultura.

Si es así, repito: esto no es un blog.

¿Pero el blog sólo se define como lo amateur? Es cierto que hay muchos, muchísimos millones de blogs simplemente malos. Son malos, no hay nada que hacer. Pero también hay grandes sitios donde la definición de “amateur” es problemática. Por ejemplo, si un matemático hace un blog de matemática en sus ratos libres: ¿se considera amateur? Si un poeta publica sus poemas en un blog, ¿es menos poeta? ¿Cómo sería un blog de poesía “profesional”? ¿Qué lo diferenciaría de uno “amateur”?

Entonces vale preguntarse: ¿no existe una creciente “profesionalización” del blog? Es decir: al mismo tiempo que 200 millones de blogueros amateurs renuncian a su pasatiempo, los grandes medios masivos de comunicación instalan al blog como parte de sus sitios web y fichan escritores “profesionales” para firmarlos, si por el muy entrecomillado “profesionales” se entiende gente cuya parte de su trabajo diario consiste en escribir públicamente dentro de ciertos géneros: ciencia, periodismo, literatura, lo que sea.

Habría pues blogs amateurs, ésos que describen el almuerzo y que Keen relaciona con el estado natural de Hobbes: todos contra todos. Habría también blogs “profesionales”, y pondré éste como ejemplo. “Profesional” (que no se opone a improvisado, aburrido, torpe, equivocado, pedante o mal escrito) porque forma parte del sitio web de un diario de gran tirada publicado por una corporación que quizás algún día domine el mundo (como la Umbrella Corporation). Quiero decir: antes de empezar este blog, me dieron un instructivo a prueba de tontos sobre cómo hacer blogs. Hubo reuniones en salas de reuniones (ésas que tienen sillas, mesas y ventanales de salas de reuniones). El diseño lo hizo un diseñador profesional, no lo hice yo con el Paint de Windows. Tengo un número mínimo de entradas que respetar y plazos que cumplir. Firmé un contrato y recibo un cheque mensual. Es cierto que publico los textos como cualquier hijo de vecino, que no necesito ninguna aprobación o supervisión; pero a la vez, aunque nadie me lo haya exigido, sé que tengo que guardar las formas, que tengo que comer con la boca cerrada y no decir malas palabras delante de los invitados. Es un trabajo. Ligero, divertido, que ocupa un pequeño espacio dentro de otras actividades, pero un trabajo al fin.

La cuestión es: ¿qué pasará con los blogs que no son ni una cosa ni la otra? Los abiertamente “profesionales” tienen cierta “vida” más o menos asegurada: por su contexto de producción tienen asegurado cierto número de lectores, hay ciertos motivos para que el autor siga escribiendo (el cheque a fin de mes, por ejemplo). Los de qué-comí-en-el-almuerzo, bueno, ésos no tienen arreglo (a menos de que se trate de un blog de crítica gastronómica, con lo cual deberíamos pasarlo a nuestra trémula categoría de “profesional”). ¿Pero qué pasará con los demás?

Hay algunos indicios: el contenido de muchos blogs se publica por grandes sellos editoriales en formato libro; otros blogs son lugares de consulta indispensable por la especificidad de los temas que abordan, y resultan súper competitivos en el mercado de la información; otros son asimilados por medios, empresas diversas, instituciones académicas, organizaciones no gubernamentales, entidades estatales; la palabra “blog corporativo” se oye cada vez más. De una manera u otra, se profesionalizan. Pero otros no. Y tampoco desaparecen. Siguen ahí: hablando de sus hijos, de qué hicieron en el trabajo, de cómo se vienen las próximas vacaciones o del precio del tomate, de lo sucio que están los vagones del Roca, de cómo la pasaban cuando estaban en el secundario o qué esperan de la vida al terminarlo. ¿Y entonces qué? ¿Son amateurs y están destruyendo al ámbito difuso ése? ¿Tienen que retirarse y dejarle la vía libre a los profesionales? ¿Quién dice? ¿Keen? ¿Vos? ¿Yo? ¿Quién?

***

Debo señalar que ésta es la segunda versión de este texto. La primera, ligeramente distinta, había adoptado un punto de vista más cercano al de Keen: que tanto “eh viejo tengo un blog no se k poner pero dale comenten loco” estaba haciendo pedazos ciertos estándares narrativos y cognoscitivos básicos. Pero después lo pensé mejor. Había algo que no cerraba, y acabó de cerrarse cuando, tras una lectura vía mail, una amiga que prefiere mantenerse en el anonimato me dijo:

“Bueno. Ya lo leí. Mientras tomaba mate cocido y comía galletitas.  Si quien lee acepta el punto de partida, a saber, que los blogs se caracterizan por su amateurismo; que son construcciones de gente al pedo, aburrida hasta el hartazgo, que encontró en los blogs vaya uno a saber qué cosa (tal vez la posibilidad de hacer de sus vidas algo más interesante por el sólo hecho de estar en el ciber-espacio); que más que hacer ‘progresar’ la cultura, la arruinan, pues se trata de ‘postear’ pelotudeces espontáneas, entonces no hay nada refutable.

“Pero (últimamente el ‘pero’ acompaña todas mis frases) bien podría ocurrir que [acabamos de hablar por teléfono y ahora retomo, así que seré breve] te encontraras con un lector que no te concede ese punto de partida, y ahí viene el problema. En este caso quien no concede soy yo, por todas las razones ya mencionadas por teléfono. Pero también, porque me parece interesante ver qué es lo que se juega en esa proliferación de blogs (profesionales o no), qué cambios introducen en el lenguaje, la escritura, la manera de comunicarse; en fin, en la experiencia cotidiana.”

Lo que no cerraba era que estaba dando la respuesta junto a la pregunta, y que la pregunta estaba mal hecha. Además, un blog no es el mejor lugar para hablar de blogs: la metadiscursividad es embrollada. Pero ante todo, lo que más me molestaba era que había dejado pasar el punto central. No que hubiera blogs cuyas entradas típicas son “Uhhhhhhhh, ke hazzzzen??????? no se k escribir hoy no me sale ni nada boludos asi k mejor me palmo. muakkkk”, y blogs cuyos lineamientos generales se definen en salas de reuniones donde hay mesas, sillas y ventanales de salas de reuniones, sino en tratar de determinar ―y retomo a mi amiga anónima― qué se juega en esa proliferación de blogs: qué cambios han introducido en la vida cotidiana.

Porque de eso se trata Nerds All Star: de intentar dar cuenta de todo ese entorno material e inmaterial que las personas creamos, que las personas construimos para vivir, y que ―vuelvo a decirlo― por comodidad solemos llamar “cultura”. Y más específicamente, de ese también difuso ámbito que suele llamarse “industria cultural”: una atiborrada colección de ideas, conceptos, películas, libros, programas de televisión, comidas, edificios, ciudades y campiñas, lugares de esparcimiento y de estudio, medios masivos de comunicación, discos, objetos, tecnología, turismo, relaciones sociales, políticas y económicas, que dan forma al capitalismo industrial de los siglos XX y XXI. “Es bueno recordarlo: ninguna sociedad anterior ―escribió el sociólogo y antropólogo Renato Ortiz en Otro territorio― conoció un tipo de institución semejante, en la cual la cultura es ‘fabricada’, en esa proporción, en espacios separados, distintos, de la vida de aquellos que la utilizan”.  De algo así se trata. De eso, y especialmente, de los conjuntos de hipótesis que intentan dar cuenta del fenómeno.

Pero ya veremos qué sale. Después de todo, esto es un blog. ¿O no les conté? Hoy me levanté. Desayuné. Galletitas con pasas de uva, riquísimas, y café, negro, sin azúcar (jamás arruinaría un café poniéndole azúcar). Después seguí bebiendo café toda la mañana. Al mediodía, hamburguesas: promoción 2×1 con la tarjeta del subte. Por la tarde más café, más galletitas con pasas de uva. A la noche, pizza de queso sospechosamente rancio. Ésa, sí, la que está al lado del Obelisco, donde filmaron la película del pizza, faso y no sé qué más. Más café por la madrugada y un montón de pastillas para el dolor de estómago.

Esto es un blog. Está bueno tener un blog.

Gracias por la paciencia.

Bienvenidos a Nerds All Star.

Share this article

Recent posts

Google search engine

Popular categories

1 COMENTARIO

  1. Ηеllo аll, guуѕ! Ι know, mу meѕsagе may be toо sрecіfiс,
    Вut my sіѕtеr found nіce man hеrе аnd theу marrіed, ѕо hоw аbout mе?ǃ 🙂
    I am 24 уears оld, Anіka, from Rоmаnіa, Ι know Еngliѕh аnd Gеrmаn lаnguаges also
    Аnd… I havе spеcifіc dіseasе, nаmеd nуmphоmаnia. Whо knоw whаt is thіѕ, cаn undеrѕtand mе (bеttеr tо ѕay it іmmеdіatelу)
    Аh уeѕ, I сook vеry tаѕtyǃ and I lоvе not оnly сооk ;))
    Im rеal gіrl, nоt prostіtute, аnd looking fоr sеriouѕ and hоt relatiоnshіp…
    Anуwау, you cаn find my рrofіle hеre: http://mardimeermo.ga/page/9556/

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Recent comments